-?
 
 
 
Postales de México
24/08/2025

Vuelta a Cancún y regreso

Vuelta a Cancún y regreso | VA CON FIRMA. Un plus sobre la información.

Relatos breves de un itinerario que abarcó parte del Distrito Federal y ciudades y pueblos de la península de Yucatán entre Cancún y Campeche. Una aproximación a un país exuberante en su historia, su cultura, su geografía y su pueblo (Última entrega).

Gerardo Burton

[email protected]

Los supermercados, los comercios, las fábricas son enormes. Las autopistas urbanas parecen paisajes de un escenario ficticio: no hay pobreza ni linyeras ni vendedores ambulantes visibles. Todo parece aséptico, ordenado, prolijo como la extensión de un aeropuerto o como una playa de estacionamiento expandida. De pronto, la realidad aparece brutalmente. Sobre los cercos, adheridos a los portones cuelgan letreros: SE BUSCA EMPLEADO/SE BUSCA OBRERO. En las ciudades (en el centro de México, por ejemplo), la búsqueda se orienta a meseras, bacheros, mozos, vendedores. Pero allí, la competencia es con el comercio callejero.

Al pasear por la zona hotelera uno comprende por qué el aeropuerto de Cancún tiene semejante categoría. La sucesión de edificios de ocho a diez pisos, la mayoría pintados de blanco, con jardines minuciosamente diseñados y con alardes arquitectónicos que colocan a sus hacedores en el listado de poderosos egos, prolongan la fantasía cinematográfica. Están las principales cadenas, Hilton, Meliá, Hyatt, Hard Rock, Club Med, Marriott y muchas más. Por las veredas circundantes, siempre hay algún paseante o quien esté haciendo un ejercicio. Vestidos y vestidas con ropas deportivas, es la imagen de una comedia de situación norteamericana donde sólo falta Sarah Jessica Parker yendo a jugar al tenis.

La economía de Cancún y alrededores depende del turismo: la ciudad tiene más plazas hoteleras que Argentina en su totalidad, y la ocupación anual promedio supera el 75 por ciento. La Universidad donde Claudia enseña tiene al turismo como una de las carreras principales, y sus estudiantes saben que el trabajo está asegurado.

Pido un café en el mercado artesanal, casi al cierre, cuando los vendedores están levantando la mercadería, cerrando los puestos. La pareja que atiende el bar al aire libre también está terminando su día de labor. Les pido un expreso, si no es molestia, si no tienen apuro. No hay problema.

La dueña (¿Noemí, Niní? trae un pequeño vaso de cartón con un café cargado y frío; averigua de dónde vengo y de inmediato pregunta por el presidente, si estoy contento con él, cómo es. Se decepciona visiblemente por la respuesta crítica, negativa, que no esperaba. Intenta torcer la opinión argumentando que si la Argentina estaba mal, era necesario un ajuste, un cambio. Y si eso no es bueno.

Está a punto del disgusto cuando le digo que nos pegan a los jubilados y nos quitan los derechos sociales; usted recuerda que el país perdió una guerra con Inglaterra, bueno, ahora le dan todo y hay una base nuclear en las islas, los británicos se llevan toda la pesca y quieren extraer el petróleo del mar argentino. El presidente permite todo esto.

Ella (¿Mimí, Noemí, Niní?) no pierde su simpatía pero calla y la tarde y el calor vuelven todo a su lugar entre los muebles pintados de verde, amarillo, rojo y negro.

Despedida

México ejerce una fascinación imposible de resistir. Eso explica el hechizo que sedujo a artistas y escritores. Lawrence, Carrington, Lowry, Morrison, Harrison; el mismo Bierce perdido entre las patrullas de Pancho Villa. Si es cierto eso que puso Carlos Fuentes en sus labios (“Morir en México, eso es eutanasia”).

Imposible resistir a México. Aunque el calor agobie y al caminar entre ruinas y pirámides y artesanos uno espera que aparezca una serpiente no emplumada y todo termine así, como quien silba un tango.

No hay nada que hacer: si la luz del sol encandila, mejor cerrar los ojos y dejarse llevar.

Ya en Ezeiza

Noche en el aeropuerto. Gente que viene, va, se queda, habla, come. El edificio no tiene personalidad, sólo colores agradables, música antes llamada funcional. Si uno cierra los ojos, puede sentirse en un gran supermercado o en otra gran superficie de ventas, ventas, ventas. La multiplicación del consumo, la necesidad de crear necesidades no descansa jamás.

Un rumor sube de las cañerías pero es la gente que habla. Desolación casi total. Las parejas discuten sobre sus familias, entre sueños. Qué hizo Sole, por qué no fue a la psicóloga, cuál es el nuevo colegio del Fabi, cuánto hace que no ves a tu madre, vos, que eras tan pegado a ella, y vos callate que sos igual. Y siguen los reproches, los pequeños reclamos hasta que el sueño los calla. Enmudecidos, cansados, no sostienen ni su aliento a esta hora.

Todo es plástico, vidrio, acrílico, seudo impoluto. Los trabajadores limpian continuamente, barren los pisos limpios, recorren con aspiradoras casi silenciosas, se ubican en rincones para atisbar sus teléfonos por pocos instantes. Las cámaras vigilan la productividad de su trabajo. En las puertas de los baños hablan de a dos, generalmente un varón y una mujer, sonríen y acaso pactan alguna cita para después. La madrugada parece no terminar nunca, el cielo sigue tan oscuro como después del atardecer. Ya estamos de vuelta.

29/07/2016

Sitios Sugeridos


Va con firma
| 2016 | Todos los derechos reservados

Director: Héctor Mauriño  |  

Neuquén, Argentina |Propiedad Intelectual: En trámite

[email protected]