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Informe Especial
11/03/2020

El debate que viene

La reforma de la justicia que quiere Alberto

La reforma de la justicia que quiere Alberto | VA CON FIRMA. Un plus sobre la información.

Es una de las apuestas fuerte de la Casa Rosada. El presidente apuesta a terminar con la connivencia entre jueces, medios y servicios de inteligencia. La ampliación del fuero federal, la generalización del sistema acusatorio, la forma de elegir a los jueces y el juicio por jurados forman parte del menú. El rol de la sociedad civil.

Daniel Hernández

El anuncio quedó en manos del propio presidente. Durante la apertura de las sesiones ordinarias del Congreso de la Nación, Alberto Fernández dijo que reformará la Justicia. El corazón de los cambios será la justicia Federal, fuero que en los últimos años supo constituirse en un actor político insoslayable a partir de la connivencia entre jueces, servicios de inteligencia y medios de comunicación. 

Pero eso no será todo. La Casa Rosada apuntará también, según confirmaron fuentes del gobierno a Va Con Firma, a implementar el sistema acusatorio para los delitos federales (como rige en Neuquén y otras provincias), establecer la oralidad y el juicio por jurado, y perfeccionar el sistema de selección de jueces, fundamentalmente introduciendo una reforma al sistema de puntuación que maneja el Consejo de la Magistratura para hacerlo más transparente.

Además, la lista reformista incluye la diferenciación definitiva entre la justicia Federal y nacional (que se transformaría en local), la unificación del fuero Contencioso Administrativo con el Civil y Comercial, la creación del Consejo para Afianzar la Administración de Justicia y la revisión de los recursos extraordinarios ante la Corte Suprema de Justicia de la Nación.

La letra chica del proyecto está en elaboración y bajo siete llaves. El propio presidente se está involucrando en su redacción, acompañado por Gustavo Beliz y la ministra de Justicia, Marcela Losardo. Ningún funcionario por fuera de estos nombres sabe mucho más que lo que publican los medios de comunicación. Así de prioritario es para el gobierno el tema. 

“No queremos adelantar más que lo que ya dijo el presidente en el Congreso, no vamos a instalar dos temas fuertes al mismo tiempo haciendo alguna declaración que lo coloque en la agenda antes de tiempo”, dijo una fuente del ministerio de Justicia a Va Con Firma

La lógica oficial tiene metáfora futbolera: paso a paso. “Tenemos que cerrar el tema de las jubilaciones de privilegio, después vendrá el aborto legal y quizás recién ahí la reforma judicial. Los tiempos los maneja el presidente, el decidirá el momento de salir a la cancha”, agrega la fuente, confirmando la lógica de un tema por vez que manda en Balcarce 50 desde el 10 de diciembre.

Licuadora 

El debate dentro del oficialismo sobre la existencia o no de presos políticos pasó a segundo plano, relegado por un diagnóstico que comparten “albertistas” y “kirchneristas”: la justicia Federal, Comodoro Py especialmente, se convirtió en un cuchillo que corta según quien lo tenga por el mango.

Fue el propio presidente quien denunció el lawfare (guerra judicial) como campo de batalla privilegiado de la política vernácula. La tríada jueces federales-servicios de inteligencias-medios concentrados esmerila opositores, genera agenda, tuerce liderazgo y, por qué no, puede voltear un gobierno. Y siempre es mejor curarse en salud.

Sobre este diagnóstico el gobierno decidió intervenir la Agencia Federal de Inteligencia (AFI). Y avanzar sobre los jueces federales de Comodoro Py. No va a agitar el fantasma del juicio político. Mucho menos impulsarlo. Va a licuar el poder de esos magistrados. Y ver cómo se las arreglan. Una apuesta a la moderación, con riesgos, pero que busca no entregar banderas a la “oposición republicana”.

La forma de licuar el poder de los doce jueces de Comodoro Py es una nueva justicia Federal de la Capital Federal que incluya una parte de los juzgados penales nacionales (el resto pasaría a la jurisdicción de la ciudad de Buenos Aires) y los del Fuero Penal Económico. 

Esto significa colocar dentro de una misma órbita a jueces que entendían en delitos penales ordinarios, como robos o asesinatos, con los que lo hacían en otros de competencia federal, como los vinculados al narcotráfico, terrorismo, contrabando y corrupción. 

El tiempo dirá si la “capacidad de daño” de la corporación judicial se amplió o se redujo. Y si los “nuevos” jueces, mayoritariamente designados por el macrismo, entienden que ahora las reglas son otras.  

“El estado de sospecha sobre la justicia Federal está desde hace tiempo y no le hace bien a nadie, a quienes trabajamos en la Justicia en cualquier jurisdicción, a la gente, a nadie”, dijo a Va Con Firma Mario Juliano, juez bonaerense y referente de la Asociación Pensamiento Penal.

Este diagnóstico es compartido por la mayoría de las organizaciones de la sociedad civil que trabajan en el tema. Sin embargo, antes de expedirse sobre la reforma en sí, quieren conocer la letra chica. Y, en algunos casos, los recursos con que va a implementarse.

Abismo

“Estoy de acuerdo con las reformas en el Poder Judicial para romper el abismo que separa a la Justicia de la sociedad”, afirma Juliano, para quien “el Poder Judicial es mucho más que Comodoro Py”. 

Según el magistrado “la mayoría de las provincias ya implementó el sistema acusatorio, donde el fiscal investiga y el juez juzga, pero la Justicia federal sigue con el sistema inquisitivo, donde el juez tiene un poder enorme”. 

“Esto se puede subsanar – agrega- poniendo en marcha en todo el país el Código Procesal Penal Federal, que instaura el sistema acusatorio”.

Sobre esto la ministra Losardo aclaró que “los delitos graves, de corrupción, trata de personas, lavado de dinero, ya son federales”, pero anticipó que “la lista se va a ampliar. No es sólo corrupción”.

Señaló también que “las causas que ya existen seguirán en manos de los mismos jueces que las instruyen ahora” y destacó que “la Justicia Federal va a tener mayor posibilidad de avanzar más rápido en las causas y trabajar de una manera más eficiente y eficaz”, al pasar de 12 juzgados a unos 50 en la Capital Federal.

Para Juliano “es razonable la propuesta de unificar la justicia Nacional con la de la Ciudad de Buenos Aires y establecer una Justicia Federal con su propia competencia, que también se tiene que definir por vía legislativa”.

El referente de Pensamiento Penal propone “incorporar los juicios por jurado en el marco del sistema acusatorio. Que sea el Ministerio Público Fiscal el que investigue y el pueblo el que decida a través de la integración de esos jurados”.

Qué puede pasar

La suerte de la reforma dependerá de muchos factores, la mayoría de ellos coyunturales. La renegociación de la deuda, el humor social respecto a la economía y hasta la suerte que corra el proyecto oficial sobre la legalización del aborto influirán en la suerte de la iniciativa.

También cómo cierren las heridas en la corporación judicial por el proyecto de ley del oficialismo para eliminar las jubilaciones de privilegio de jueces y diplomáticos, aprobado en la Cámara de Diputados y que recibiría el aval del Senado la semana próxima. 

Y de las reacciones que despierte la reforma en el seno del Poder Judicial. Sobre la temperatura en la Justicia en el gobierno dicen que Losardo “habla todo el tiempo con los jueces, y lo hace con todos, no sólo con los de Comodoro Py”. En los despachos oficiales anotan una “buena reacción” frente a la reforma entre los magistrados consultados. 

“El presidente va a manejar los tiempos y también la forma en que se enviará la reforma al Congreso, si en una ley o en varias, en un paquete de leyes, lo que sí es casi seguro es que irá todo junto”, arriesga la fuente.

Lo que también está claro es que la discusión se va a abrir a todos los actores vinculados al Poder Judicial en el marco del Congreso. Es decir, que está descartado un ámbito de discusión con jueces, trabajadores y organizaciones de la sociedad civil previo al envío del proyecto, como ocurrió, por ejemplo, con la ley de medios durante el primer gobierno de Cristina. 

“Las reformas de la Justicia no generan soluciones mágicas, porque realmente no las hay, pero sí pueden provocar una inercia, una nueva dirección que provoque los cambios que la ciudadanía y el sistema judicial necesitan”, resume Juliano. 

Inercia a la que sin duda apuesta Alberto, que quiere dar un paso allí donde muchos de sus antecesores tropezaron. O directamente cayeron. 

29/07/2016

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