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05/04/2026

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El industricidio nacional

El industricidio nacional | VA CON FIRMA. Un plus sobre la información.

“No existe desarrollo económico contemporáneo sin industrias. Cambiar producción manufacturera por importaciones porque, en este momento, estas son mas baratas, es destruir al futuro”.

Humberto Zambon

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El industricidio implica la muerte masiva, por decisión política, de la actividad industrial, es decir, la destrucción del tejido productivo manufacturero, con cierre de empresas productivas y disminución del empleo. Para las empresas es la quiebra o, en el mejor de los casos, su conversión en importadoras, mientras que para los trabajadores y sus familias es el drama del desocupado que, con suerte, consigue changas o trabajo precario y mal pago administrado por alguna plataforma digital.

Pablo Manzanelli, en un trabajo de FLACSO (2025), identifica dos olas de desindustrialización en nuestro país: la primera, que cumple 50 años desde su comienzo, fue entre 1976 y 2001 (la dictadura y Menem, que continuó De la Rua y que Alfonsin,1983-89, no pudo contrarrestar) y una segunda, iniciada por el gobierno de Macri en 2015 y que continúa con Milei, a pesar del crecimiento industrial durante el gobierno de Fernández, que apenas pudo compensar la caída originada en la epidemia del covid.

Para poder realizar comparaciones se utiliza el coeficiente de producto industrial por habitante. En nuestro país ese coeficiente era en 1930 del 15.3% y llegó a un máximo en 1974 del 25,3%; en diciembre del 2025 volvió a ser del orden. del 15%. Durante la primera ola la reducción fue de 8,5 puntos porcentuales y en la segunda de 3,4 puntos, compensando sobradamente la mejora lograda en los primeros años del nuevo siglo. Mientras en Argentina retrocedía, el coeficiente en Estados Unidos creció un 79%, Brasil un 44%, Francia un 70% y Japón un 194%, Corea del Sur 5.639% y China el 9.438%.

El retroceso argentino es la consecuencia de la política neoliberal iniciada en 1976.

Habitualmente se culpa a la industrialización nacional por haberse limitado a la sustitución de importaciones (ISI), cuando en el capitalismo no existe producción si no hay una demanda previa; para una industrialización tardía como la argentina, dentro de este sistema, es la única posible. Además, como dice Mara Pedrazzoli (Página 12, 12-12-25) “entre 1962 y 1974 eso empezó a cambiar: las exportaciones industriales pasaron de ser el 18% de las ventas externas de bienes al 43%, con la región como principal destino. “Rubros como vehículos, maquinarias y algunos bienes de consumo llegaron a poblar las exportaciones argentinas”. Representaban el 14,3% de las manufacturas importadas por América Latina (actualmente suman el 7,4%).

¿Por qué el neoliberalismo sigue esta política antiindustrial? Además de intereses de clase mal entendidos, de temor al poder de la clase obrera y de añoranzas de una supuesta edad de oro para la oligarquía argentina, hay una explicación teórica: para la escuela neoclásica de economía, el capital y el producto pueden verse como variables homogéneas: sería lo mismo producir trigo, generar servicios (ya sea abrir las puertas de los vehículos en la entrada de un hotel o hacer cirugía neurológica) o producir chips o satélites. Por otro lado, adhieren a la doctrina de la división internacional del trabajo, que plantea que, si cada país se especializa produciendo aquello para lo que tiene ventajas comparativas, intercambiando con los otros productos, todos se beneficiarían porque los costos serían menores para una calidad mejor.

No tienen en cuenta que esta doctrina fue enunciada por David Rocardo a principios del siglo XIX para justificar la pretensión de Inglaterra de temer el monopolio manufacturero, mientras que el resto del mundo se dedicaba a proveer materias primas y ser mercado de la producción inglesa. Y que por eso fue tomado luego como argumento ideológico por todos los imperialismos.

Desde el punto de vista teórico es un análisis estático, una fotografía, y su aplicación tiende a mantener una situación dada, sin cambios ni progresos

En 1949, recién finalizada la segunda guerra, un economista holandés –Verdoorn- se dedicó a estudiar la reconstrucción industrial de su país y verificó que la tasa de crecimiento de la ocupación industrial era aproximadamente la mitad que la tasa de incremento de la producción industrial. Por ejemplo, si la ocupación manufacturera venía creciendo al 4% anual, la producción lo hacía al 8%. El cociente entre ambos porcentajes (que en nuestro ejemplo da 0,5) técnicamente se lo denomina elasticidad empleo-producción. Luego este economista pasó a estudiar otros casos en diversos países y encontró la repetición del mismo fenómeno, con resultados que variaban entre 0,41 y 0,57, con un valor medio aproximado a 0,45. Estas cifras indican que el crecimiento industrial estaba acompañado por un importante aumento de la productividad o, desde otro punto de vista, significa que la industria presentaba rendimientos crecientes a escala: al aumentar la ocupación industrial el aumento de la producción es más que proporcional.

En 1966 el economista Nicholas Kaldor rescató ese trabajo y lo formalizó en lo que se conoce como leyes de Kaldor: 1- Cuanto más rápido crece la industria, más rápido crece la economía en general y 2- A mayor crecimiento industrial, mayor crecimiento de la productividad del trabajo (aprovechamiento de las economías internas y externas y del progreso técnico).

En otras palabras, no existe desarrollo económico contemporáneo sin industrias. Cambiar producción manufacturera por importaciones porque, en este momento, estas son mas baratas, es destruir al futuro. Que es lo que está haciendo en nuestro país el neoliberalismo desde hace 50 años.

29/07/2016

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