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Escuché por radio a Carlos Gardel cantando su tango, con letra de Alfredo Le Pera, “Volvió una noche” y cuando cantaba “mentiras, mentiras, yo quise decirle…” me puse a pensar, no en el amor traicionero que quiere volver y que relata el tango, sino en el gobierno de la dupla Milei-Caputo, que se sostiene con un relato armado con lo que ahora llaman “fake news”.
El discurso del presidente y sus voceros sostiene que 1) hemos logrado el superávit en las cuentas públicas, 2) hemos vencido a la inflación, 3) hemos logrado el crecimiento económico, 4) han mejorado los sueldos y las jubilaciones.
Vamos por partes (como el “destripador”, solía decir José Pablo Feinman).
El superávit: Su principal logro, del que el presidente hace alarde internacional, es el de haber logrado un superávit fiscal, superávit que es doblemente mentiroso: primero porque no es tal y, segundo, porque lo logrado es un equilibrio totalmente inestable, que no puede durar.
Desde el punto de vista formal, el superávit se consiguió con un artilugio de contabilidad “creativa”: no registrar intereses devengados que sí aumentan la deuda pública.
Lo más importante fue como se consiguió; en el año 2024 bajaron las erogaciones cortando prácticamente toda la obra pública (23,6% del ahorro), disminuyendo las jubilaciones y pensiones (19,2% del ahorro), las prestaciones sociales (13.6%), los subsidios al consumo (13.2%), transferencias a las provincias ( 8,8%), salarios y gastos generales (8,2%) más otros rubros (12.6%). En el año 2025 el principal recorte de gastos se dio en las transferencias a las provincias, lo que explica la actual “rebelión” de los gobernadores. Pero hay rubros en los que, como una especie de compensación, el gasto subió: los viáticos por los continuos viajes presidenciales para recibir dudosos premios y las erogaciones en favor de los servicios secretos, en especial los sospechosos “fondos reservados”.
Es una situación evidentemente inestable; sin obras nuevas y sin mantenimiento de las existentes no es posible subsistir; el ejemplo más inmediato es el estado de las rutas y su deterioro, que significan accidentes y muerte o la falta de gas en plena ola polar, mientras que, por otro lado, aumentan las protestas y la resistencia al ajuste por parte de jubilados y demás afectados.
Además, el recorte del gasto público se refleja en la caída del ingreso fiscal que, del otro lado, presionan como una pinza a este supuesto superávit que parece atado con alambres.
La inflación: En diciembre del año 2023, apenas asumido el gobierno, Milei ordenó una megadevaluación del 118% (el dólar oficial pasó de $ 366 a $ 800) que, lógicamente repercutió en la inflación (25.3% en diciembre y 20% en enero). Ahora, un año y medio después, dice: fíjense como estaba la inflación cuando asumí y como está ahora (aproximadamente 2% mensual); lo que no dice es que compara dos índices de su propio gobierno, que él subió la inflación y luego la bajó a niveles normales.
Además, el índice no es cierto, está subestimado. El índice resulta de una canasta fija de bienes del consumo de una familia compuesta por dos adultos y dos menores y mensualmente se toman los precios de los bienes que lo componen. Pero esa canasta quedó desactualizada; el mismo INDEC tiene aprobada otra, actual, que por orden del gobierno no se aplica porque el indice resultante es bastante mayor.
Según un estudio actual la electricidad, gas y agua representaba el 22,8% del salario en 2023 cuando en abril del 2025 era del 29.6%; desde diciembre del 2023 hasta marzo de este año las tarifas de esos servicios aumentaron entre el 227,9% y 340,0%, muy por encima del índice general de inflación (196,6%). A ese mes el índice de inflación sería superior al que mide el INDEC: ascendería a 225,5%, es decir, 28,9 puntos porcentuales más.
Además, la baja de la inflación se logró “planchando” artificialmente el valor del dólar y al importe nominal de los salarios. La apuesta es llegar a octubre en estas condiciones y, luego de las elecciones, realizar un “sinceramiento” del tipo de cambio, que va a generar un nuevo salto inflacionario y profundizar la distribución inequitativa del ingreso.
El crecimiento económico. Según las cifras oficiales, en el 4° trimestre del 2024 se superó la tasa negativa del crecimiento del PBI con un 2% anual mientras que en el primero de este año se logró un 5.8% anual. Lo que no se dice es que 1) El PBI todavía está por debajo (1,5%) del de diciembre de 2023 (más abajo, todavía, el PBI per cápita, por el crecimiento de la población); 2) La mejora en las cifras se ha dado en el agro, que venía de años de sequía y que insume sólo el 5% de los trabajadores, y en minería y energía (hablamos de Vaca Muerta) que es una típica actividad de enclave; 3) Sin negar la importancia que tienen estas actividades, hay que tener en cuenta principalmente las que dan trabajo y su actividad también hace al bienestar de los habitantes, como construcción, industria manufacturera, comercio y servicios en general, que muestran caídas. Según el último congreso de gremios industriales, durante este año y medio la industria manufacturera cayó 9,4% y la construcción el 27%; 4) Como prueba del crecimiento económico nos muestran el aumento del consumo; lo que en realidad aumentó fue la concentración del ingreso y, por lo tanto, el consumo en la parte superior de la pirámide social y que se manifiesta en aumento de las importaciones (autos importados, artículos suntuarios, viajes y turismo, etc) que produjeron un fuerte déficit externo en mayo pasado y que prendieron las luces de alarma sobre la viabilidad de este modelo económico.
Si fuera cierto, sería un extraño modelo de crecimiento con menor cantidad de trabajadores registrados (a marzo de este año se habían perdido 115.353 puestos en el sector asalariado privado y 58.210 en el público, totalizando una destrucción de 173.563 empleos), aumento de la informalidad (trabajadores “en negro”) y monotributistas, con disminución del índice de actividad.
La mejora de sueldos y jubilaciones. No existe tal mejora. El gobierno muestra mejoras porque considera sólo 2024 y 2025. Borra la devaluación de diciembre de 2023 ordenada por Milei como si fuera del gobierno de Alberto Fernández, borrando el 25,3% de inflación inicial. Según el CEPA (Centro de Economía Política Argentina), tomando el costo de vida con la nueva canasta de bienes que aprobó (pero no usa) el INDEC, el salario real promedio representaba en marzo de 2025 el 91.9% del poder adquisitivo que tenía en diciembre del 2023 (pérdida del 8,1%); como es sabido, y como parte de la lucha contra la inflación, los salarios están “planchados”, por lo que a partir de abril la situación ha empeorado.
Por su parte, las jubilaciones han seguido un camino similar; por ejemplo, la jubilación mínima sin subsidios y en pesos corrientes es a junio un 24,7% menor respecto a lo que sería con la fórmula del año 2021.
Tal como enseña la experiencia (tanto con Videla-Martínez de Hoz, Menem-Cavallo-De la Rúa y Macri-Caputo) es un modelo que funciona con represión social y endeudamiento público externo creciente que, a su vez, establece su límite temporal o, desde otro punto de vista, explica su inviabilidad a largo plazo.
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